lunes, 12 de noviembre de 2012

Un sabio llamado Efrain


La ciudad de Cuzco desde un primer momento nos cautivó, creo que fueron múltiples factores, a saber: habíamos pasado de ser compañeros de viaje a cuatro amigos, los días vividos con anterioridad a la llegada a Cuzco habían creado una relación de confianza y afinidad brutal entre personas que no nos conocíamos. Las dos primeras noches en la ciudad fueron increíbles como se puede leer en la entrada anterior del blog. Estábamos expectantes e ilusionados porque faltaban pocos días para ir al Machupichu y la Selva. Todo esto, sumado a la arquitectura y ambiente de la ciudad hizo que Cuzco pareciera un lugar conocido. Y cuando cuatro personas crean este buen ambiente solo le pueden pasar cosas buenas, y uno de los recuerdos mas bonitos que yo me llevo de este viaje es el siguiente: paseando por Cuzco, observé una cafetería que parecía italiana, como llevaba todo el viaje sin beber un espresso, propuse entrar para tomar un café. Entramos y nos sentamos en una mesa dónde había una persona de unos 70 años, no había mesas libres en la cafetería. Nos sirvieron y en un momento dado le pregunté si era de la ciudad, el hombre comenzó ha hablar y nos tuvo mas de una hora escuchándolo con una atención inusitada. Nos explicaba que él era cuzqueño, y tuvo a bien no sólo explicarnos muchas cosas de la cultura Inca, sino hacernos pensar, en la energía, en el respeto a la pachamama, en las preguntas sin respuesta de la mitología Inca. Hubiéramos estado con ese hombre horas y horas, y dijimos que después de nuestra visita al Machu-Pichu volveríamos a la cafetería para volver a charlar.
Partimos hacia Aguas Calientes sabiendo que era la última excursión y los últimos días con Antón, que finalmente decidió avanzar su viaje de vuelta para jugar el partido amistoso contra el Betis. Fuimos en una de las típicas furgonetas, lo que no sabíamos era de la pesadez y asquerosidad del viaje. Muchas horas y pocas por carretera, la mayoría era por camino de tierra, camino que se estrechaba y se estrechaba y veías un gran precipicio a uno de los lados. También tienes que pasar mini-puentes de madera, que dices “por ahí no vamos a pasar, el peso no lo va a soportar, por ahí noooo” y de repente el conductor acelera y puente pasado. Pero llegamos vivos hasta la estación de tren, y de aquí dos horas caminando hasta llegar a Machu-Pichu pueblo o Aguas Calientes. Este es un lugar turístico dónde los haya, con alojamientos de todo tipo de precios y con vendedores a la caza de turistas. Pero hay que reconocer que la ubicación de Aguas Calientes es espectacular. Descansa en  un profundo cañón bajo las ruinas, dividido por dos poderosos ríos, y con precipicios de piedra y bosques nubosos. Aquí hicimos noche y nos preparamos porque al día siguiente íbamos por fin al Machu-Pichi.
Recuerdo que antes de ir a dormir, hicimos una copa en un local, y mientras Salva y Antón jugaban al ajedrez, creo que el resultado acabó en tablas, Genís jugaba con un ecuatoriano a un juego de fichas de madera, se hacía una torre con las fichas, se tenían que ir retirando fichas y el que retirara una y cayera la torre pues perdía. Yo no quería jugar, pero tuve que hacerlo y ganar…
Nos levantamos a las 4 de la mañana, desayunamos y comenzamos a caminar. Yendo con Antón, no se trataba sólo de ascender hasta la entrada del recinto del Machu-Pichu, se trataba de llegar los primeros, y así fuimos adelantando a todo lo que nos encontrabamos por delante. Antón y Salva en cabeza, Genís y yo con un ritmo mas pausado pero muy efectivo, y conseguimos el reto, llegamos los primeros, y tuvimos que esperar un buen rato porque hasta las 6 de la mañana no abrían. Tuvimos el honor los 4 de entrar los primeros, y con paso acelerado fuimos avanzando hasta que nos llevamos una hostia, una hostia de belleza, de quedarnos sin palabras, de con solo mirarnos y con tibios comentarios disfrutar casi en soledad de una de las maravillas del mundo. Poco a poco fuimos reaccionado, y aprovechamos para tirar las primeras fotos mientras iban llegando personas al lugar donde nos encontrábamos. Lo que veíamos era mas espectacular que todo lo que nos habían contado. La vida nos seguía regalando felicidad, en este caso, a base de observar el Machu-Pichu en silencio, reflexivamente, como si las preguntas que nos hacíamos interiormente la montaña mágica nos las respondiera con energía positiva. Estoy aquí, pensaba yo, mientras el sol de desperezaba detrás de las montañas, mientras miraba esa ciudad enigmática, mientras hacía y me hacían fotos para la eternidad. Fotos así y asa, fotos con llamas, fotos con amigos.
Nos esforzábamos por ver la famosa cara que hacen las montañas, algunos con mas suerte que otros.
 Y seguimos disfrutando con un guía que nos ilustraba sobre lo que se conoce de Machu-Pichu y sobre lo que se desconoce. Y después del guía éramos 4 afortunados que teníamos acceso al huayna pichu (lo he visto escrito de diferentes maneras), ascenso que disfrutamos y nos dio otra panorámica de la ciudad Inca, del espectacular yacimiento arqueológico en el que habíamos estado minutos antes.
Al bajar de nuevo al yacimiento sobre las 11 de la mañana se acabó todo el encanto, los miles y miles de turistas que se concentran a esa hora convierten a esa maravilla del mundo en Port Aventura, así que decidimos marcharnos, y como somos así de chulos bajamos no caminando no, sino corriendo de piedra en piedra. Así que no nos quedó mas remedio que refrescarnos en el río y compartir la última cerveza con nuestro gran amigo Antón.
Y en su honor, en el de un amigo que ha compartido mucho a mi lado durante 4 años y que ahora lo tengo a 1000km de distancia pero muy cerca de mi corazón, a un amigo de mis amigos, a un amigo que hizo nuestro viaje mejor, que hace todos los viajes mejores, acabo esta entrada con una de sus frases. Una frase en uno de esos momentos donde filosofábamos sobre la vida y dijo “nosotros somos compradores de tiempo y no de dinero, por eso somos felices”
Así que Antón nos dejó y yo me quedé con dos personas que habían avanzado mucho en los niveles de amistad, jajaja.
Pero sabíamos que todo nos iba a ir bien, porque los cuatro habíamos aprendido que en nuestros corazones brilla la estrella de nuestro destino.

PD: se me olvidaba mencionar que en Cuzco fuimos a jugar a futbito y retamos a cuzqueños...y ganamos!!!

lunes, 15 de octubre de 2012

La Mística


Quién se puede imaginar que un whatsapp puede modificarte un viaje?  Pues que se lo pregunten a Antón, que al llegar del lago Titicaca vio un mensaje en su móvil que decía “14 de julio, confirmado el partido contra el Betis”. Creéis que renunciará a ir a la selva y adelantaría el billete de vuelta por un partido amistoso de pretemporada? Yo tenía claro la respuesta. En siguientes entradas lo desvelaré.

De madrugada llegamos a la estación de buses de Cuzco, agarramos un taxi que nos quería dejar en un hostel para llevarse su comisión pero lo veíamos muy alejado del centro. Así que bajamos y decidimos buscar nosotros alojamiento a las 4 de la mañana. Encontramos el hostal Tambo de Montero, que se convertiría en nuestra casa en Cuzco, a lo largo de 12 días ocupamos tres habitaciones diferentes, y algún galán alguna más. Era viernes, y después de descansar pocas horas llegamos a la siguiente conclusión: hoy vamos a cerrar el tema de ir al Machupichu y la selva, pero esta noche y mañana noche nos vamos a meter dos fiestas del copón, que vaya ritmo de viaje llevamos. Salimos a pasear por la preciosa plaza de armas, dónde había manifestación de profesores, y mientras buscábamos la mejor oferta para las excursiones se acercaban preciosas jovencitas muy interesadas en nuestra salud, nos ofrecían con una simpatía inusitada toda clase de masajes. Declinamos la interesante invitación pero aprovechamos para preguntar a tan alegres muchachas un lugar para salir de fiesta, que fuera un lugar con gente local, nada de extranjeros. Nos sugirieron ir a una zona llamada “Las Vegas”. Una vez prácticamente cerrado el tema de cuando y cómo ir al Machupichu, comimos en un pequeño local entre la plaza y el hostal, cuyo joven camarero nos dijo que no recomendaba ir a la zona de “Las Vegas”, y que la discoteca que buscábamos era “La Mística”. El chico con el que finalmente contratamos la excursión de la selva también nos recomendó la misma sala. El chico se llamaba Ángel y lo acabamos llamando Angelito y nos llevó a cenar a un bar de menú barato, difícil de encontrar por la zona turística de Cuzco. De vuelta al hostal compramos lo necesario para hacer un buen botellón. Y con boxeo puesto en la pequeña televisión de la habitación, comenzamos la rueda de duchas, Adrián siempre era el primero y Genis el remolón el último, y comenzamos también la rueda de ron con cola, y comenzó a sonar la música en los móviles, y comenzó a brotar la alegría, y llegaron los bailes y las coreografías de canciones de moda mientras en la tele un derrotado boxeador sangraba tirado en la lona. Y así salimos a la calle, alegres, joviales, con ganas de mucha fiesta, y así el taxista nos acercó a “La Mística”, dónde vivimos dos noches sencillamente espectaculares. La discoteca tiene dos salas, la grande es muy grande, con una zona de baile abajo amplia y en la parte superior como si de un teatro se tratará, hay como balcones que rodean la sala, donde hay espacio para bailar y donde se puede ver toda la zona de baile de la parte inferior. En ambos lados de la parte superior hay dos pódium, y un pequeño escenario entre los dos pisos. Pedimos una botella para los 4, y cuando Genis y yo no habíamos acabado ni el primer cubata de repente vemos a Anton en un podium y a Salva en el otro, dándolo todo y con toda la discoteca pendiente de ellos. El animador de la sala dio la bienvenida a los españoles, y estos mostraban su arte al ritmo de la música. Avanzaba la noche y muchas chicas querían conocernos, solo llevábamos una hora pero uno de nosotros iba a morir. Yo estaba en la barra, intentando servirme otro cubata, y de repente, a lo lejos, observé a Antón, que era el más alto de la discoteca, su caminar era torpe y su cabeza se movía lenta pero buscando algo, nos cruzamos la mirada, e intentó llegar a mi. Mientras avanzaba se llevaba por delante a los pequeños peruanos que parecían bolos de humor amarillo, pero su estabilidad comenzaba a ceder, yo fui hacia él para evitar una posible caída…pero fue tarde. Cuando me quedaba menos de un metro, ese cuerpo alto dijo basta y amortiguando parte de la caída con algún peruano se metió un ostión que no olvidaré en mi vida. Me ayudaron a levantarlo y me dijo “llévame al hostal por favor”, lo saqué como pude, avisé a Genis y Salva que volvería, a ellos los vi poco preocupados pero muy ocupados, nos metimos en un taxi y llegamos al hostal. En toda la puerta potó, subió las escaleras sujetado a mi, abrí la habitación y literalmente cayó muerto en su cama, lo puse un poco de lado y volví en el mismo taxi a la discoteca. Al llegar Genis hablaba por los codos, Salva estaba ocupado con una mujer indígena que al parecer le quería enseñar la cultura de su tribu. Genis comenzó a decirme que no quería irse al hostal, y que ni se me pasara por la cabeza llevarle al hostal, yo le decía que no, que nos íbamos a ir a otra discoteca, pero él no me creía, y mientras íbamos en un taxi hacia la plaza de armas él me hablaba casi gritando y me insistía que él a dormir no iba, que lo llevara de fiesta. No se en que momento pensó que yo quería irme a dormir, pero no se calló la boca hasta que pedimos una cerveza en la discoteca a la que acabábamos de entrar. Ayudó a que no me calentara más la cabeza que en poco tiempo varias tías le comieron la boca, y de todos es sabido que mientras te comes la boca con una chica es imposible hablar. Una de las chicas que hizo callar al pequeño era una psicópata que decía ser lesbiana pero que al parecer era bisexual. Yo me retiré a acompañar a una joven chica, me sabia mal que volviera sola a casa a esas horas. Regresé al hostal y comprobé que Antón estaba vivo, dormí hasta que Salva nos despertó por la mañana, había aprendido cultura indígena. Genis llegó al mediodía, y nos dijo: vaya TRIO estáis hechos, no aguantáis la fiesta…y habló y habló hasta que se quedó dormido.
La segunda noche fue todavía más espectacular e inolvidable. Repetimos botellón en la habitación con música y boxeo. Recordamos a carcajadas la caída de Antón, las aventuras de Genis y sobretodo la belleza de la indígena de Salva que dio mucho juego.
Llegamos a la discoteca y había una cola para entrar que doblaba la esquina, era el día de la amistad que se celebra cada año y la gente sale a celebrarlo por todo lo alto. Anton y yo nos miramos y pensamos lo mismo: esta cola no la hacemos nosotros. Llegamos a la puerta y Antón dijo que éramos los españoles del día anterior, que consumiríamos varias botellas, y acercándose un poco bajó la voz y le dijo que sería recompensado con varias propinas. Pagamos el precio de la entrada y nos saltamos la enorme cola, el portero tuvo su recompensa. La sala estaba a petar, fuimos a la barra y otro portero que también recibía propinas nos dejaba beber en la barra (cosa que estaba prohibida) y nos vigilaba la botella, vasos y hielos. Salva y yo nos quedamos abajo, y Antón se llevó a Genis, él no lo sabía pero iba camino del estrellato. Antón esperó el momento, la canción adecuada, y él y Genis ocuparon los podiums. El animador los reconoció, y anunció por micro que ya volvían a estar allí los amigos españoles. Los hizo bailar, eran observados por todos y todas, y en un momento determinado les pidió que se quitaran la camisa. Antón se movía, hizo un amago pero no se la quitó, los focos de la discoteca pasaron a grabar a Genis, su cuerpo tenía ritmo, parecía un gogó, el animador le pedía sacarse el polo, y él poco a poco, de una manera sensual iba deslizando su polo hacia arriba, y poco a poco sus abdominales se dejaban ver. La sala estallaba en gritos femeninos, los móviles grababan el momento, en los alrededores del podium de Genis las chicas se agolpaban. Y llegó el éxtasis, Genis se deshizo de su polo, dejó su fibrado dorso desnudo, y mientras lo seguía moviendo como un profesional de la noche las mujeres se lo comían con los ojos y gritaban extasiadas. El foco regresó donde Antón, no tenía escapatoria, tenia que inventar algo, y mientras su baile salsero-flamenco cautivaba a la sala, hizo su movimiento sube-baja y poco a poco se fue desabrochando los botones de su camisa. La sala volvía a vibrar.
 Pasear aquella noche por la discoteca era ser mirado constantemente, te tocaban el culo allá por dónde pasaras, y te pedían bailar cada canción. Salva hizo cuatro amigas, yo bailaba con una chica que Genis me había puesto en bandeja, mientras Antón y Genis seguían paseándose sabiéndose ser los putos amos de aquella noche de locura. Sobra contar más cosas, una de las noches fiesteras más divertidas de mi vida. Simplemente inolvidable, gracias trío por esas dos grandes noches, el momento baile en el podium siempre quedará grabado en mi retina.


PD: se me olvidaba, los cuatro también salimos a bailar en el escenario, jajaja. Ala, hasta la siguiente entrada, estaremos en el Machupichu, y sabremos si Antón abandona el viaje.  

viernes, 21 de septiembre de 2012

Ulises, Rosa y la yaya Epifania.


Salimos de Arequipa con todo organizado para llegar bien temprano a Puno e ir directamente al puerto para visitar el lago Titicaca y sus islas sin necesidad de hacer noche en Puno. Lo conseguimos y todo nos salió casi perfecto, exceptuando unos malos entendidos que solucionamos sacando al doverman que llevo dentro (ante la atenta mirada de Salva que había dejado de sorprenderse de mis ataques fugaces de ira ante los intentos de timo)aunque con la confirmación que nos habían tangado algunos soles. Llegamos a Puno sobre las 6 de la mañana, fuimos al Hostal, nos aseamos y descansamos un rato y a las 9 ya estábamos en el puerto. La embarcación que hace el recorrido por la isla es muy lenta, dicen que por la falta de oxigeno en el agua, es el lago navegable que se encuentra a mayor altura del mundo. El agua es de un azul oscuro oceánico, calmado, con unas vistas a las montañas peruanas y bolivianas a lo lejos, y observando la flora que consistía básicamente en totora a lo cerca. Mientras, algunas aves sobrevolaban el lago, y nosotros hacíamos tiempo entre el interior de la embarcación y el exterior, dónde el sol dañaba la piel a los pocos minutos. Todo iba bien, hasta conocer al freaky del viaje que nos hizo darnos unas risas a su costa. El personaje, malagueño de nacimiento y granadino de adopción, supo ponernos de acuerdo a Genís, a Salva y a mi: nos caía como el culo. Antón lo aguantó varias horas mientras hablaban y hablaban, a decir verdad se aguantaron ambos. Al tío Perú le parecía una mierda comparado con otros destinos, lástima que los destinos con los que los comparaba él no los había visitado, pero un amigo suyo si. Pongo algunos ejemplos, leed las frases entrecomilladas como si escucháis a un chulapón madrileño sabelotodo con un deje andaluz, pero andaluz del interior y rancio, no del gracioso de Cadiz, sino de Marques del siglo XVIII. "El cañon del Colca??? esssso no é un cañon ni é ná, me meo en la caminata del Colca, esso en graná lo que quieraaa. Un cañon é el cañon del colorao...essso si, essso si que é un cañon. Yo no é estao pero un amigo me lo ha dicho. La selva de Perú??? Si tiene suerte vé un mono como mucho a 500 metros, esso no é una selva ni é ná, si quieres ver animales vete a Costa Rica, essso si, ahí si que ves animales. Yo no he estao pero un amigo me lo ha dicho. Las mujeres de Peru?? esso no son mujeres ni son ná, si quieres ver mujeres vete a Colombia, esssso si, essso si que son mujeres. Yo no he estao pero me lo ha dicho un amigo." Y así con todo lo que os podáis imaginar. Casi odiando al personaje llegamos a la isla de los Uros, que son islas flotantes construidas de totora, una especie de junco, comestible en parte, van poniendo capas sobre capas y así consiguen un suelo mullido. La verdad que es muy curioso e interesante verlo en directo e imaginar su vida, para nosotros de lo mas aburrido, para ellos su rutina. Ni que decir tiene que todo turista pasa por allí y te intentan vender de todo, uro que venía le soltábamos un "camisarachi" que quiere decir hola en su idioma, el Amarí, pero no nos escapamos y alguna tontería compramos. Continuamos navegando hasta llegar a la isla de Amantaní que era dónde hacíamos noche en casa de una familia local. Al llegar te reciben las familias -a las que por un sistema rotatorio del que toda la isla se beneficia del turismo- para acompañarte a la correspondiente casa. Nosotros fuimos muy afortunados y nos tocó la casa de la señora Epifania. Era la más mayor, pero a pesar de su edad y de su precario calzado caminaba a buen ritmo subiendo por las aldeas, no olvidemos que estamos a 4000 metros de altura. Por fin llegamos a la casa, mucho mejor de lo que nos podíamos imaginar. Habitaciones amplias y limpias, un pequeño baño, y una cocina de adobe con utensilios muy viejos donde la yaya Epifania cocinaba en el suelo.


Allí estaban el pequeño Ulises y la pequeña Rosa, nietos de Epifania. Y allí descubrí el lado mas tierno de Genís, que desde el primer momento hizo feliz a Ulises jugando a la pelota, y mas tarde enseñando a los niños un juego con canicas al que podían jugar horas y horas hasta aburrirse. Genís hizo un esfuerzo porque los que lo conocemos sabemos que es un chico muy explosivo que solo aguanta 20 minutos en cualquier deporte. Por la tarde todos los turistas de la isla tenían pensado subir al punto mas alto de la isla para ver las vistas. Pero había una pista de futbito, y cuando Antón ve una pista de futbol no hay nada mas importante en este mundo, así que removió cielo y tierra hasta conseguir una pelota y organizar un partido contra los isleños. Partido que ganamos aunque a los 5 minutos estábamos asfixiados y con la cabeza estallando por la altura. Genís duró 20 minutos. Por la noche organizaban en el centro de la isla una fiesta con bailes locales, pero tenía que acompañarnos la yaya Epifania y no queríamos molestarla. La dejamos ir a dormir, y nosotros nos pusimos a hablar de mitología griega y sus dioses, todo por culpa del niño que se llamaba Ulises.Y entre recuerdos mitológicos, imitábamos al freaky granaíno.
 Por la mañana nos despedimos de nuestra familia y de los niños, a los que si por Genis fuera se traería a España. A Epifania le compramos varias telas de alpaca a precios elevados, una manera de agradecer su generosidad y amabilidad. De Amantaní fuimos a la isla de Taquile, una pequeña isla con varias peculiaridades: hablan quechua, los hombres tejen, y según como van vestidos se saben si son solteros o no. La isla tiene vistas muy chulas que recuerdan al Mediterráneo, una isla con mucha luz. Nuestra estancia en el lago Titicaca finalizó con las 3 horas del viaje de vuelta, en el que cambiábamos impresiones políticas con un estudiante frances, un grupo de argentinas y el freaky.

La noche de la charla mitológica, yo dormía en la habitación con Genís, que mientras pensaba que me escuchaba ya se había dormido, algo habitual en él. Pensé en que este viaje había sido cosa del destino, porque ni tenía planificado estas fechas ni el Perú para hacer mis vacaciones, ni mucho menos sabía que el destino me regalaría conocer a Genís y a Salva como los he conocido. Intenté recordar una historia que mi profesora de mitología greco-romana me había explicado en el bachillerato. Recordaba el contenido, unas señoras que hilaban la vida de los humanos desde el nacimiento hasta la muerte, era la personificación del destino. Ahora se los nombres, Parcas en la mitología romana, Mairas en la mitología griega. Yo no lo sabía, pero me lo ha dicho un amigo.
PD: Para mi el destino, tiene algo como explica la mitología, creo que hay alguna Parca que lo tiene tejido, pero como decía el gran fumador de hierba William Shakespeare: " El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos". 
Así que si en la anterior entrada recomendaba no dejar de soñar, en esta recomiendo no dejar de jugar nuestras cartas.

jueves, 30 de agosto de 2012

Donde descansan nuestros deseos


Con nuestra rula azul preparada partimos en un bus nocturno hacia Arequipa, dormimos del tirón en cómodos asientos reclinables, y llegamos a la ciudad un inolvidable 1 de Julio sobre las 6 de la mañana. Era el día de la final España-Italia de la Eurocopa, y también el día en el que Mario hacía el Ironman de Austria. Arequipa es la segunda ciudad del Perú en número de habitantes, ciudad con numerosas construcciones y casas coloniales. En el paseo matutino un vendedor ambulante se ganó unos soles ya que compramos camisetas de España para acompañar a Salva que ya llevaba la suya, fuimos a la bonita plaza de Armas con su protesta minera en el centro y su policía antidisturbios alrededor, paseamos por callejuelas del centro y visitamos varias iglesias y el monasterio de Santa Catalina. Pero aquel día teníamos el partido como atracción, y al salir a buscar un bar para verlo nos cruzamos con una chica española que vio el cielo abierto al ver a cuatro españoles, a cuál más guapo, y juntos fuimos a un Hostel donde vimos la gran final. No sabemos los litros de cerveza que llegamos a beber, ni los chupitos de Pisco que nos sirvieron, ni las canciones que bailamos, pero la liamos con una conga y con un baile encima de la barra al ritmo de Balada Boa, la segunda Eurocopa de España bien valía esa celebración y lo que hiciera falta. Esa noche y con el cuerpo todavía alcoholizado Antón quería comer vicuña (carne típica de la zona),  que él no se iba de Perú sin probarlo, y cenamos la famosa vicuña como si jamás en la vida tuviéramos oportunidad de comerla…en los siguientes días nos dimos cuenta que por sitios donde comer vicuñas no sería…
Al día siguiente, por decir algo, ya que a las 2 de la mañana estábamos en pie, fuimos al famoso cañón del Colca, que dicen que es el cañón más profundo del mundo. Había que aclimatarse para evitar el mal de altura, ya que llegaríamos a estar a 4.900 metros de altura, y en un ataque de ansiedad nos dio por masticar hojas de coca por un tubo, y caramelos de coca cada dos por tres, y nos dimos cuenta de una gran capacidad que tiene Salva a pesar de tener un pequeño mareo. Mientras “Los tres mosquetros”Antón, Genís y servidor comenzábamos a disfrutar del paisaje y expectantes mirábamos de observar cóndores; Salva, en un papel que mezclaba a D’Artagnan y al señor de Treville, lo que observaba Salva…eran los pechos de una de las francesas que nos acompañaban en la excursión. No sabemos si fruto de las propiedades de la hoja de coca o de la belleza de los atributos femeninos de la joven francesa, a nuestro D’ Artagnan se le pasó el mareo, y juntos pudimos disfrutar de la belleza del vuelo del cóndor a menos de dos metros de distancia en las hermosas montañas andinas. Seguimos caminando en ese envidiable entorno, y en una parada en un terreno llano, Antón propuso resolver una de las incógnitas que habían surgido en el viaje. En una carrera de 100 metros, ¿quién era más veloz, Salva o Adrián? A Salva le vino un mareo repentino y el valiente Genis se ofreció, yo en mi interior pensé “mierda”…pero no podía tirarme atrás. Así que a casi 4.000 metros de altura nos pegamos un sprint que nos dejó muertos, a mí más que al niño que me sacó unos metros. Y así fuimos avanzando, mientras hablábamos con el gran Marcial, el guía, y disfrutando del paisaje y haciendo fotos, y como el paisaje era precioso pero repetitivo pues de vez en cuando mirábamos a la francesa, otro paisaje precioso y repetitivo. Llegamos a la aldea donde vive la mamá de Marcial que nos hizo de comer, la entrañable Josefa es esa persona que ves en los reportajes de las aldeas de los andes. La caminata continuaba hasta un albergue donde hacíamos noche, y los tres mosqueteros y D’Artagnan aceleramos el paso dejando al grupo de franceses con un cadáver que parecía que se iba a caer a cada paso. Antón puso el ritmo en la subida, ya que quería poner su Hematocrito mas alto que el de Armstrong dopado, y así conseguimos llegar en una horita al lugar donde dormíamos que era en medio de los Andes, eso sí, con su piscina donde nos dimos un baño merecido y que no sabemos cómo pero por la mañana estaba vacía, y con habitaciones muy correctas donde dormir.
Al día siguiente todos partían a las 5 de la mañana, todos menos nosotros que somos más chulos que nadie, y como tenemos mas Hematocrito que nadie, partíamos una hora mas tarde y ya daríamos alcance al resto. Y así lo hicimos, mientras Antón y Salva se peleaban por subir por el camino recto, Genis y yo lo hacíamos por el camino marcado y hablando de filosofía, y filosofeando dimos alcance al grupo y conocimos a una hermosa niña, la hija de Marcial, cuyo nombre nos cautivó-Asiri (sonrisa en Quechua)-.
La excursión avanzó entre desayuno muy necesario, un bañito en aguas termales que vino de perlas (donde volvimos a poner en valor el tema de la francesa), un buffet libre espectacular para deleite de Antón y Genis que comen por cuatro y una última parada dónde construimos nuestros Chachani. Los chachani, según la leyenda, son construcciones de piedra sobre piedra, debes de pedir un deseo y confiar en el chachani. Y eso es lo que hicimos los tres mosqueteros, porque Salva no se que hacía en ese momento.
De regreso a Arequipa, dejando atrás el paisaje fascinante y nuestros deseos, me vino una frase a la mente de Federico Fellini, que creo que los cuatro viajeros creemos mucho en ella y por eso logramos ser tan felices. Decía Fellini que nuestros sueños son nuestra única vida real, así que ya sabéis, no dejéis de soñar.
PD: Mario acabó su Ironman!!

sábado, 30 de junio de 2012

Mucha miel


De aquí a Lima. Esa típica expresión que dice mi padre, pues ya la he vivido. Nueve horas de vuelo con dos personas delante de 200kilos y no exagero, que no sé como aguanta el asiento, y a mi derecha dos criaturas americanas felices con su mama feliz con cara de ofrecerme tarta de arándanos. Escala en Atlanta y seis horas con una peruana afincada en España que me decía que tenía unos ojos enormes y lindos y que dormía como un bebecito. Duermo si me dejas pensaba yo, con una sonrisa falsa en mi cara. Y entonces llegamos a Lima donde lo único que hicimos con Genis y Salva-en siguientes entradas os iré informando de los dos personajes- fue un paseo por Miraflores y ver el partido de España con peruanos y comprobamos los huevos de Sergio Ramos al tirar el penal y meterlo. Al dia siguiente estuvimos en Pisco y Paracas, con dos excursiones donde vimos delfines, leones marinos y cientos de miles de aves que no paran de cagar, y esa mierda es un negocio porque la venden carísima como fertilizante. La zona de Paracas es muy curiosa porque nunca llueve. Por la tarde agarramos un Bus hacia huacachina, que es un oasis en medio del desierto, pero al llegar de noche no apreciamos lo idílico y precioso del lugar hasta el dia siguiente cuando montados en unos buggies comenzamos a flipar de donde habíamos dormido. Habia dunas de gran altura donde hicimos sandboard y lo pasamos como peruanos, quiero decir como enanos. La noche no habíamos dormido, porque en Lima nos dijeron que en huacachina había mucha miel, y en dos noches hemos sabido el significado. Justo al lado del hostal, con una piscina de agua fría en exceso y una mesa de ping/pong que nadie era capaz de ganarme, había una discoteca. Y claro, allá fuimos. Lo mejor fue la llegada de nuestro amigo Anton, que se incorporaba más tarde al viaje. Sale de Huelva, avión Sevilla/Madrid, avión Madrid/lima, taxi a la estación de bus, bus a huacachina, entrada al hostal, entrada a la habitación donde solo quedaban restos de un botellón improvisado, deja la maleta se sirve una copa y se dirige a la discoteca donde intuía que estábamos y nos encuentra, a mi haciendo el Koala con una peruana con culo de peruana. Es un placer comprobar que sigue vigente el efecto Brad Pitt en los viajes, y nos está gustando el baile del Koala, que os podéis imaginar como es. Como la miel nos gusto hicimos cambio de planes, y en vez de partir hacia nazca decidimos hacer una noche más en el oasis porque se intuía festival y lo hubo. Así que sin dormir, a las 7 de la mañana nos hemos venido para Nazca y ver las famosas figuras que unos dicen que la hicieron los incas y otros unos extraterrestres. Nosotros con la borrachera lo que hemos visto es la potada de Salva en la avioneta. Las líneas son interesantes pero lo mejor del vuelo ha sido dos descensos de ingravidez que se ha marcado el piloto que hemos flipado. En un rato partimos hacia Arequipa, a los compis de viaje los tengo rotos tumbados, total, si los peruanos se tumban en nuestros parques porque no podemos hacer lo propio nosotros en los suyos. Y así estamos de preocupados por la prima de riesgo, pasándolo en grande e impresionados con huacahina, con la buena gente que son los peruanos, con su comida realmente buena…y con su miel.