jueves, 30 de agosto de 2012

Donde descansan nuestros deseos


Con nuestra rula azul preparada partimos en un bus nocturno hacia Arequipa, dormimos del tirón en cómodos asientos reclinables, y llegamos a la ciudad un inolvidable 1 de Julio sobre las 6 de la mañana. Era el día de la final España-Italia de la Eurocopa, y también el día en el que Mario hacía el Ironman de Austria. Arequipa es la segunda ciudad del Perú en número de habitantes, ciudad con numerosas construcciones y casas coloniales. En el paseo matutino un vendedor ambulante se ganó unos soles ya que compramos camisetas de España para acompañar a Salva que ya llevaba la suya, fuimos a la bonita plaza de Armas con su protesta minera en el centro y su policía antidisturbios alrededor, paseamos por callejuelas del centro y visitamos varias iglesias y el monasterio de Santa Catalina. Pero aquel día teníamos el partido como atracción, y al salir a buscar un bar para verlo nos cruzamos con una chica española que vio el cielo abierto al ver a cuatro españoles, a cuál más guapo, y juntos fuimos a un Hostel donde vimos la gran final. No sabemos los litros de cerveza que llegamos a beber, ni los chupitos de Pisco que nos sirvieron, ni las canciones que bailamos, pero la liamos con una conga y con un baile encima de la barra al ritmo de Balada Boa, la segunda Eurocopa de España bien valía esa celebración y lo que hiciera falta. Esa noche y con el cuerpo todavía alcoholizado Antón quería comer vicuña (carne típica de la zona),  que él no se iba de Perú sin probarlo, y cenamos la famosa vicuña como si jamás en la vida tuviéramos oportunidad de comerla…en los siguientes días nos dimos cuenta que por sitios donde comer vicuñas no sería…
Al día siguiente, por decir algo, ya que a las 2 de la mañana estábamos en pie, fuimos al famoso cañón del Colca, que dicen que es el cañón más profundo del mundo. Había que aclimatarse para evitar el mal de altura, ya que llegaríamos a estar a 4.900 metros de altura, y en un ataque de ansiedad nos dio por masticar hojas de coca por un tubo, y caramelos de coca cada dos por tres, y nos dimos cuenta de una gran capacidad que tiene Salva a pesar de tener un pequeño mareo. Mientras “Los tres mosquetros”Antón, Genís y servidor comenzábamos a disfrutar del paisaje y expectantes mirábamos de observar cóndores; Salva, en un papel que mezclaba a D’Artagnan y al señor de Treville, lo que observaba Salva…eran los pechos de una de las francesas que nos acompañaban en la excursión. No sabemos si fruto de las propiedades de la hoja de coca o de la belleza de los atributos femeninos de la joven francesa, a nuestro D’ Artagnan se le pasó el mareo, y juntos pudimos disfrutar de la belleza del vuelo del cóndor a menos de dos metros de distancia en las hermosas montañas andinas. Seguimos caminando en ese envidiable entorno, y en una parada en un terreno llano, Antón propuso resolver una de las incógnitas que habían surgido en el viaje. En una carrera de 100 metros, ¿quién era más veloz, Salva o Adrián? A Salva le vino un mareo repentino y el valiente Genis se ofreció, yo en mi interior pensé “mierda”…pero no podía tirarme atrás. Así que a casi 4.000 metros de altura nos pegamos un sprint que nos dejó muertos, a mí más que al niño que me sacó unos metros. Y así fuimos avanzando, mientras hablábamos con el gran Marcial, el guía, y disfrutando del paisaje y haciendo fotos, y como el paisaje era precioso pero repetitivo pues de vez en cuando mirábamos a la francesa, otro paisaje precioso y repetitivo. Llegamos a la aldea donde vive la mamá de Marcial que nos hizo de comer, la entrañable Josefa es esa persona que ves en los reportajes de las aldeas de los andes. La caminata continuaba hasta un albergue donde hacíamos noche, y los tres mosqueteros y D’Artagnan aceleramos el paso dejando al grupo de franceses con un cadáver que parecía que se iba a caer a cada paso. Antón puso el ritmo en la subida, ya que quería poner su Hematocrito mas alto que el de Armstrong dopado, y así conseguimos llegar en una horita al lugar donde dormíamos que era en medio de los Andes, eso sí, con su piscina donde nos dimos un baño merecido y que no sabemos cómo pero por la mañana estaba vacía, y con habitaciones muy correctas donde dormir.
Al día siguiente todos partían a las 5 de la mañana, todos menos nosotros que somos más chulos que nadie, y como tenemos mas Hematocrito que nadie, partíamos una hora mas tarde y ya daríamos alcance al resto. Y así lo hicimos, mientras Antón y Salva se peleaban por subir por el camino recto, Genis y yo lo hacíamos por el camino marcado y hablando de filosofía, y filosofeando dimos alcance al grupo y conocimos a una hermosa niña, la hija de Marcial, cuyo nombre nos cautivó-Asiri (sonrisa en Quechua)-.
La excursión avanzó entre desayuno muy necesario, un bañito en aguas termales que vino de perlas (donde volvimos a poner en valor el tema de la francesa), un buffet libre espectacular para deleite de Antón y Genis que comen por cuatro y una última parada dónde construimos nuestros Chachani. Los chachani, según la leyenda, son construcciones de piedra sobre piedra, debes de pedir un deseo y confiar en el chachani. Y eso es lo que hicimos los tres mosqueteros, porque Salva no se que hacía en ese momento.
De regreso a Arequipa, dejando atrás el paisaje fascinante y nuestros deseos, me vino una frase a la mente de Federico Fellini, que creo que los cuatro viajeros creemos mucho en ella y por eso logramos ser tan felices. Decía Fellini que nuestros sueños son nuestra única vida real, así que ya sabéis, no dejéis de soñar.
PD: Mario acabó su Ironman!!