viernes, 21 de septiembre de 2012

Ulises, Rosa y la yaya Epifania.


Salimos de Arequipa con todo organizado para llegar bien temprano a Puno e ir directamente al puerto para visitar el lago Titicaca y sus islas sin necesidad de hacer noche en Puno. Lo conseguimos y todo nos salió casi perfecto, exceptuando unos malos entendidos que solucionamos sacando al doverman que llevo dentro (ante la atenta mirada de Salva que había dejado de sorprenderse de mis ataques fugaces de ira ante los intentos de timo)aunque con la confirmación que nos habían tangado algunos soles. Llegamos a Puno sobre las 6 de la mañana, fuimos al Hostal, nos aseamos y descansamos un rato y a las 9 ya estábamos en el puerto. La embarcación que hace el recorrido por la isla es muy lenta, dicen que por la falta de oxigeno en el agua, es el lago navegable que se encuentra a mayor altura del mundo. El agua es de un azul oscuro oceánico, calmado, con unas vistas a las montañas peruanas y bolivianas a lo lejos, y observando la flora que consistía básicamente en totora a lo cerca. Mientras, algunas aves sobrevolaban el lago, y nosotros hacíamos tiempo entre el interior de la embarcación y el exterior, dónde el sol dañaba la piel a los pocos minutos. Todo iba bien, hasta conocer al freaky del viaje que nos hizo darnos unas risas a su costa. El personaje, malagueño de nacimiento y granadino de adopción, supo ponernos de acuerdo a Genís, a Salva y a mi: nos caía como el culo. Antón lo aguantó varias horas mientras hablaban y hablaban, a decir verdad se aguantaron ambos. Al tío Perú le parecía una mierda comparado con otros destinos, lástima que los destinos con los que los comparaba él no los había visitado, pero un amigo suyo si. Pongo algunos ejemplos, leed las frases entrecomilladas como si escucháis a un chulapón madrileño sabelotodo con un deje andaluz, pero andaluz del interior y rancio, no del gracioso de Cadiz, sino de Marques del siglo XVIII. "El cañon del Colca??? esssso no é un cañon ni é ná, me meo en la caminata del Colca, esso en graná lo que quieraaa. Un cañon é el cañon del colorao...essso si, essso si que é un cañon. Yo no é estao pero un amigo me lo ha dicho. La selva de Perú??? Si tiene suerte vé un mono como mucho a 500 metros, esso no é una selva ni é ná, si quieres ver animales vete a Costa Rica, essso si, ahí si que ves animales. Yo no he estao pero un amigo me lo ha dicho. Las mujeres de Peru?? esso no son mujeres ni son ná, si quieres ver mujeres vete a Colombia, esssso si, essso si que son mujeres. Yo no he estao pero me lo ha dicho un amigo." Y así con todo lo que os podáis imaginar. Casi odiando al personaje llegamos a la isla de los Uros, que son islas flotantes construidas de totora, una especie de junco, comestible en parte, van poniendo capas sobre capas y así consiguen un suelo mullido. La verdad que es muy curioso e interesante verlo en directo e imaginar su vida, para nosotros de lo mas aburrido, para ellos su rutina. Ni que decir tiene que todo turista pasa por allí y te intentan vender de todo, uro que venía le soltábamos un "camisarachi" que quiere decir hola en su idioma, el Amarí, pero no nos escapamos y alguna tontería compramos. Continuamos navegando hasta llegar a la isla de Amantaní que era dónde hacíamos noche en casa de una familia local. Al llegar te reciben las familias -a las que por un sistema rotatorio del que toda la isla se beneficia del turismo- para acompañarte a la correspondiente casa. Nosotros fuimos muy afortunados y nos tocó la casa de la señora Epifania. Era la más mayor, pero a pesar de su edad y de su precario calzado caminaba a buen ritmo subiendo por las aldeas, no olvidemos que estamos a 4000 metros de altura. Por fin llegamos a la casa, mucho mejor de lo que nos podíamos imaginar. Habitaciones amplias y limpias, un pequeño baño, y una cocina de adobe con utensilios muy viejos donde la yaya Epifania cocinaba en el suelo.


Allí estaban el pequeño Ulises y la pequeña Rosa, nietos de Epifania. Y allí descubrí el lado mas tierno de Genís, que desde el primer momento hizo feliz a Ulises jugando a la pelota, y mas tarde enseñando a los niños un juego con canicas al que podían jugar horas y horas hasta aburrirse. Genís hizo un esfuerzo porque los que lo conocemos sabemos que es un chico muy explosivo que solo aguanta 20 minutos en cualquier deporte. Por la tarde todos los turistas de la isla tenían pensado subir al punto mas alto de la isla para ver las vistas. Pero había una pista de futbito, y cuando Antón ve una pista de futbol no hay nada mas importante en este mundo, así que removió cielo y tierra hasta conseguir una pelota y organizar un partido contra los isleños. Partido que ganamos aunque a los 5 minutos estábamos asfixiados y con la cabeza estallando por la altura. Genís duró 20 minutos. Por la noche organizaban en el centro de la isla una fiesta con bailes locales, pero tenía que acompañarnos la yaya Epifania y no queríamos molestarla. La dejamos ir a dormir, y nosotros nos pusimos a hablar de mitología griega y sus dioses, todo por culpa del niño que se llamaba Ulises.Y entre recuerdos mitológicos, imitábamos al freaky granaíno.
 Por la mañana nos despedimos de nuestra familia y de los niños, a los que si por Genis fuera se traería a España. A Epifania le compramos varias telas de alpaca a precios elevados, una manera de agradecer su generosidad y amabilidad. De Amantaní fuimos a la isla de Taquile, una pequeña isla con varias peculiaridades: hablan quechua, los hombres tejen, y según como van vestidos se saben si son solteros o no. La isla tiene vistas muy chulas que recuerdan al Mediterráneo, una isla con mucha luz. Nuestra estancia en el lago Titicaca finalizó con las 3 horas del viaje de vuelta, en el que cambiábamos impresiones políticas con un estudiante frances, un grupo de argentinas y el freaky.

La noche de la charla mitológica, yo dormía en la habitación con Genís, que mientras pensaba que me escuchaba ya se había dormido, algo habitual en él. Pensé en que este viaje había sido cosa del destino, porque ni tenía planificado estas fechas ni el Perú para hacer mis vacaciones, ni mucho menos sabía que el destino me regalaría conocer a Genís y a Salva como los he conocido. Intenté recordar una historia que mi profesora de mitología greco-romana me había explicado en el bachillerato. Recordaba el contenido, unas señoras que hilaban la vida de los humanos desde el nacimiento hasta la muerte, era la personificación del destino. Ahora se los nombres, Parcas en la mitología romana, Mairas en la mitología griega. Yo no lo sabía, pero me lo ha dicho un amigo.
PD: Para mi el destino, tiene algo como explica la mitología, creo que hay alguna Parca que lo tiene tejido, pero como decía el gran fumador de hierba William Shakespeare: " El destino es el que baraja las cartas, pero nosotros somos los que jugamos". 
Así que si en la anterior entrada recomendaba no dejar de soñar, en esta recomiendo no dejar de jugar nuestras cartas.

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