lunes, 15 de octubre de 2012

La Mística


Quién se puede imaginar que un whatsapp puede modificarte un viaje?  Pues que se lo pregunten a Antón, que al llegar del lago Titicaca vio un mensaje en su móvil que decía “14 de julio, confirmado el partido contra el Betis”. Creéis que renunciará a ir a la selva y adelantaría el billete de vuelta por un partido amistoso de pretemporada? Yo tenía claro la respuesta. En siguientes entradas lo desvelaré.

De madrugada llegamos a la estación de buses de Cuzco, agarramos un taxi que nos quería dejar en un hostel para llevarse su comisión pero lo veíamos muy alejado del centro. Así que bajamos y decidimos buscar nosotros alojamiento a las 4 de la mañana. Encontramos el hostal Tambo de Montero, que se convertiría en nuestra casa en Cuzco, a lo largo de 12 días ocupamos tres habitaciones diferentes, y algún galán alguna más. Era viernes, y después de descansar pocas horas llegamos a la siguiente conclusión: hoy vamos a cerrar el tema de ir al Machupichu y la selva, pero esta noche y mañana noche nos vamos a meter dos fiestas del copón, que vaya ritmo de viaje llevamos. Salimos a pasear por la preciosa plaza de armas, dónde había manifestación de profesores, y mientras buscábamos la mejor oferta para las excursiones se acercaban preciosas jovencitas muy interesadas en nuestra salud, nos ofrecían con una simpatía inusitada toda clase de masajes. Declinamos la interesante invitación pero aprovechamos para preguntar a tan alegres muchachas un lugar para salir de fiesta, que fuera un lugar con gente local, nada de extranjeros. Nos sugirieron ir a una zona llamada “Las Vegas”. Una vez prácticamente cerrado el tema de cuando y cómo ir al Machupichu, comimos en un pequeño local entre la plaza y el hostal, cuyo joven camarero nos dijo que no recomendaba ir a la zona de “Las Vegas”, y que la discoteca que buscábamos era “La Mística”. El chico con el que finalmente contratamos la excursión de la selva también nos recomendó la misma sala. El chico se llamaba Ángel y lo acabamos llamando Angelito y nos llevó a cenar a un bar de menú barato, difícil de encontrar por la zona turística de Cuzco. De vuelta al hostal compramos lo necesario para hacer un buen botellón. Y con boxeo puesto en la pequeña televisión de la habitación, comenzamos la rueda de duchas, Adrián siempre era el primero y Genis el remolón el último, y comenzamos también la rueda de ron con cola, y comenzó a sonar la música en los móviles, y comenzó a brotar la alegría, y llegaron los bailes y las coreografías de canciones de moda mientras en la tele un derrotado boxeador sangraba tirado en la lona. Y así salimos a la calle, alegres, joviales, con ganas de mucha fiesta, y así el taxista nos acercó a “La Mística”, dónde vivimos dos noches sencillamente espectaculares. La discoteca tiene dos salas, la grande es muy grande, con una zona de baile abajo amplia y en la parte superior como si de un teatro se tratará, hay como balcones que rodean la sala, donde hay espacio para bailar y donde se puede ver toda la zona de baile de la parte inferior. En ambos lados de la parte superior hay dos pódium, y un pequeño escenario entre los dos pisos. Pedimos una botella para los 4, y cuando Genis y yo no habíamos acabado ni el primer cubata de repente vemos a Anton en un podium y a Salva en el otro, dándolo todo y con toda la discoteca pendiente de ellos. El animador de la sala dio la bienvenida a los españoles, y estos mostraban su arte al ritmo de la música. Avanzaba la noche y muchas chicas querían conocernos, solo llevábamos una hora pero uno de nosotros iba a morir. Yo estaba en la barra, intentando servirme otro cubata, y de repente, a lo lejos, observé a Antón, que era el más alto de la discoteca, su caminar era torpe y su cabeza se movía lenta pero buscando algo, nos cruzamos la mirada, e intentó llegar a mi. Mientras avanzaba se llevaba por delante a los pequeños peruanos que parecían bolos de humor amarillo, pero su estabilidad comenzaba a ceder, yo fui hacia él para evitar una posible caída…pero fue tarde. Cuando me quedaba menos de un metro, ese cuerpo alto dijo basta y amortiguando parte de la caída con algún peruano se metió un ostión que no olvidaré en mi vida. Me ayudaron a levantarlo y me dijo “llévame al hostal por favor”, lo saqué como pude, avisé a Genis y Salva que volvería, a ellos los vi poco preocupados pero muy ocupados, nos metimos en un taxi y llegamos al hostal. En toda la puerta potó, subió las escaleras sujetado a mi, abrí la habitación y literalmente cayó muerto en su cama, lo puse un poco de lado y volví en el mismo taxi a la discoteca. Al llegar Genis hablaba por los codos, Salva estaba ocupado con una mujer indígena que al parecer le quería enseñar la cultura de su tribu. Genis comenzó a decirme que no quería irse al hostal, y que ni se me pasara por la cabeza llevarle al hostal, yo le decía que no, que nos íbamos a ir a otra discoteca, pero él no me creía, y mientras íbamos en un taxi hacia la plaza de armas él me hablaba casi gritando y me insistía que él a dormir no iba, que lo llevara de fiesta. No se en que momento pensó que yo quería irme a dormir, pero no se calló la boca hasta que pedimos una cerveza en la discoteca a la que acabábamos de entrar. Ayudó a que no me calentara más la cabeza que en poco tiempo varias tías le comieron la boca, y de todos es sabido que mientras te comes la boca con una chica es imposible hablar. Una de las chicas que hizo callar al pequeño era una psicópata que decía ser lesbiana pero que al parecer era bisexual. Yo me retiré a acompañar a una joven chica, me sabia mal que volviera sola a casa a esas horas. Regresé al hostal y comprobé que Antón estaba vivo, dormí hasta que Salva nos despertó por la mañana, había aprendido cultura indígena. Genis llegó al mediodía, y nos dijo: vaya TRIO estáis hechos, no aguantáis la fiesta…y habló y habló hasta que se quedó dormido.
La segunda noche fue todavía más espectacular e inolvidable. Repetimos botellón en la habitación con música y boxeo. Recordamos a carcajadas la caída de Antón, las aventuras de Genis y sobretodo la belleza de la indígena de Salva que dio mucho juego.
Llegamos a la discoteca y había una cola para entrar que doblaba la esquina, era el día de la amistad que se celebra cada año y la gente sale a celebrarlo por todo lo alto. Anton y yo nos miramos y pensamos lo mismo: esta cola no la hacemos nosotros. Llegamos a la puerta y Antón dijo que éramos los españoles del día anterior, que consumiríamos varias botellas, y acercándose un poco bajó la voz y le dijo que sería recompensado con varias propinas. Pagamos el precio de la entrada y nos saltamos la enorme cola, el portero tuvo su recompensa. La sala estaba a petar, fuimos a la barra y otro portero que también recibía propinas nos dejaba beber en la barra (cosa que estaba prohibida) y nos vigilaba la botella, vasos y hielos. Salva y yo nos quedamos abajo, y Antón se llevó a Genis, él no lo sabía pero iba camino del estrellato. Antón esperó el momento, la canción adecuada, y él y Genis ocuparon los podiums. El animador los reconoció, y anunció por micro que ya volvían a estar allí los amigos españoles. Los hizo bailar, eran observados por todos y todas, y en un momento determinado les pidió que se quitaran la camisa. Antón se movía, hizo un amago pero no se la quitó, los focos de la discoteca pasaron a grabar a Genis, su cuerpo tenía ritmo, parecía un gogó, el animador le pedía sacarse el polo, y él poco a poco, de una manera sensual iba deslizando su polo hacia arriba, y poco a poco sus abdominales se dejaban ver. La sala estallaba en gritos femeninos, los móviles grababan el momento, en los alrededores del podium de Genis las chicas se agolpaban. Y llegó el éxtasis, Genis se deshizo de su polo, dejó su fibrado dorso desnudo, y mientras lo seguía moviendo como un profesional de la noche las mujeres se lo comían con los ojos y gritaban extasiadas. El foco regresó donde Antón, no tenía escapatoria, tenia que inventar algo, y mientras su baile salsero-flamenco cautivaba a la sala, hizo su movimiento sube-baja y poco a poco se fue desabrochando los botones de su camisa. La sala volvía a vibrar.
 Pasear aquella noche por la discoteca era ser mirado constantemente, te tocaban el culo allá por dónde pasaras, y te pedían bailar cada canción. Salva hizo cuatro amigas, yo bailaba con una chica que Genis me había puesto en bandeja, mientras Antón y Genis seguían paseándose sabiéndose ser los putos amos de aquella noche de locura. Sobra contar más cosas, una de las noches fiesteras más divertidas de mi vida. Simplemente inolvidable, gracias trío por esas dos grandes noches, el momento baile en el podium siempre quedará grabado en mi retina.


PD: se me olvidaba, los cuatro también salimos a bailar en el escenario, jajaja. Ala, hasta la siguiente entrada, estaremos en el Machupichu, y sabremos si Antón abandona el viaje.