Quién se puede imaginar
que un whatsapp puede modificarte un viaje? Pues que se lo pregunten a Antón, que al
llegar del lago Titicaca vio un mensaje en su móvil que decía “14 de julio,
confirmado el partido contra el Betis”. Creéis que renunciará a ir a la selva y
adelantaría el billete de vuelta por un partido amistoso de pretemporada? Yo
tenía claro la respuesta. En siguientes entradas lo desvelaré.
De madrugada llegamos a
la estación de buses de Cuzco, agarramos un taxi que nos quería dejar en un
hostel para llevarse su comisión pero lo veíamos muy alejado del centro. Así
que bajamos y decidimos buscar nosotros alojamiento a las 4 de la mañana. Encontramos
el hostal Tambo de Montero, que se convertiría en nuestra casa en Cuzco, a lo
largo de 12 días ocupamos tres habitaciones diferentes, y algún galán alguna más.
Era viernes, y después de descansar pocas horas llegamos a la siguiente
conclusión: hoy vamos a cerrar el tema de ir al Machupichu y la selva, pero
esta noche y mañana noche nos vamos a meter dos fiestas del copón, que vaya
ritmo de viaje llevamos. Salimos a pasear por la preciosa plaza de armas, dónde
había manifestación de profesores, y mientras buscábamos la mejor oferta para
las excursiones se acercaban preciosas jovencitas muy interesadas en nuestra
salud, nos ofrecían con una simpatía inusitada toda clase de masajes. Declinamos
la interesante invitación pero aprovechamos para preguntar a tan alegres
muchachas un lugar para salir de fiesta, que fuera un lugar con gente local,
nada de extranjeros. Nos sugirieron ir a una zona llamada “Las Vegas”. Una vez
prácticamente cerrado el tema de cuando y cómo ir al Machupichu, comimos en un
pequeño local entre la plaza y el hostal, cuyo joven camarero nos dijo que no
recomendaba ir a la zona de “Las Vegas”, y que la discoteca que buscábamos era “La
Mística”. El chico con el que finalmente contratamos la excursión de la selva
también nos recomendó la misma sala. El chico se llamaba Ángel y lo acabamos
llamando Angelito y nos llevó a cenar a un bar de menú barato, difícil de
encontrar por la zona turística de Cuzco. De vuelta al hostal compramos lo
necesario para hacer un buen botellón. Y con boxeo puesto en la pequeña
televisión de la habitación, comenzamos la rueda de duchas, Adrián siempre era
el primero y Genis el remolón el último, y comenzamos también la rueda de ron
con cola, y comenzó a sonar la música en los móviles, y comenzó a brotar la
alegría, y llegaron los bailes y las coreografías de canciones de moda mientras
en la tele un derrotado boxeador sangraba tirado en la lona. Y así salimos a la
calle, alegres, joviales, con ganas de mucha fiesta, y así el taxista nos acercó
a “La Mística”, dónde vivimos dos noches sencillamente espectaculares. La
discoteca tiene dos salas, la grande es muy grande, con una zona de baile abajo
amplia y en la parte superior como si de un teatro se tratará, hay como
balcones que rodean la sala, donde hay espacio para bailar y donde se puede ver
toda la zona de baile de la parte inferior. En ambos lados de la parte superior
hay dos pódium, y un pequeño escenario entre los dos pisos. Pedimos una botella
para los 4, y cuando Genis y yo no habíamos acabado ni el primer cubata de
repente vemos a Anton en un podium y a Salva en el otro, dándolo todo y con
toda la discoteca pendiente de ellos. El animador de la sala dio la bienvenida
a los españoles, y estos mostraban su arte al ritmo de la música. Avanzaba la
noche y muchas chicas querían conocernos, solo llevábamos una hora pero uno de
nosotros iba a morir. Yo estaba en la barra, intentando servirme otro cubata, y
de repente, a lo lejos, observé a Antón, que era el más alto de la discoteca,
su caminar era torpe y su cabeza se movía lenta pero buscando algo, nos
cruzamos la mirada, e intentó llegar a mi. Mientras avanzaba se llevaba por
delante a los pequeños peruanos que parecían bolos de humor amarillo, pero su
estabilidad comenzaba a ceder, yo fui hacia él para evitar una posible caída…pero
fue tarde. Cuando me quedaba menos de un metro, ese cuerpo alto dijo basta y
amortiguando parte de la caída con algún peruano se metió un ostión que no
olvidaré en mi vida. Me ayudaron a levantarlo y me dijo “llévame al hostal por
favor”, lo saqué como pude, avisé a Genis y Salva que volvería, a ellos los vi
poco preocupados pero muy ocupados, nos metimos en un taxi y llegamos al
hostal. En toda la puerta potó, subió las escaleras sujetado a mi, abrí la
habitación y literalmente cayó muerto en su cama, lo puse un poco de lado y
volví en el mismo taxi a la discoteca. Al llegar Genis hablaba por los codos,
Salva estaba ocupado con una mujer indígena que al parecer le quería enseñar la
cultura de su tribu. Genis comenzó a decirme que no quería irse al hostal, y
que ni se me pasara por la cabeza llevarle al hostal, yo le decía que no, que
nos íbamos a ir a otra discoteca, pero él no me creía, y mientras íbamos en un
taxi hacia la plaza de armas él me hablaba casi gritando y me insistía que él a
dormir no iba, que lo llevara de fiesta. No se en que momento pensó que yo quería
irme a dormir, pero no se calló la boca hasta que pedimos una cerveza en la
discoteca a la que acabábamos de entrar. Ayudó a que no me calentara más la
cabeza que en poco tiempo varias tías le comieron la boca, y de todos es sabido
que mientras te comes la boca con una chica es imposible hablar. Una de las
chicas que hizo callar al pequeño era una psicópata que decía ser lesbiana pero
que al parecer era bisexual. Yo me retiré a acompañar a una joven chica, me
sabia mal que volviera sola a casa a esas horas. Regresé al hostal y comprobé
que Antón estaba vivo, dormí hasta que Salva nos despertó por la mañana, había
aprendido cultura indígena. Genis llegó al mediodía, y nos dijo: vaya TRIO estáis
hechos, no aguantáis la fiesta…y habló y habló hasta que se quedó dormido.
La segunda noche fue
todavía más espectacular e inolvidable. Repetimos botellón en la habitación con
música y boxeo. Recordamos a carcajadas la caída de Antón, las aventuras de
Genis y sobretodo la belleza de la indígena de Salva que dio mucho juego.
Llegamos a la discoteca y
había una cola para entrar que doblaba la esquina, era el día de la amistad que
se celebra cada año y la gente sale a celebrarlo por todo lo alto. Anton y yo
nos miramos y pensamos lo mismo: esta cola no la hacemos nosotros. Llegamos a
la puerta y Antón dijo que éramos los españoles del día anterior, que consumiríamos
varias botellas, y acercándose un poco bajó la voz y le dijo que sería
recompensado con varias propinas. Pagamos el precio de la entrada y nos
saltamos la enorme cola, el portero tuvo su recompensa. La sala estaba a petar,
fuimos a la barra y otro portero que también recibía propinas nos dejaba beber
en la barra (cosa que estaba prohibida) y nos vigilaba la botella, vasos y
hielos. Salva y yo nos quedamos abajo, y Antón se llevó a Genis, él no lo sabía
pero iba camino del estrellato. Antón esperó el momento, la canción adecuada, y
él y Genis ocuparon los podiums. El animador los reconoció, y anunció por micro
que ya volvían a estar allí los amigos españoles. Los hizo bailar, eran
observados por todos y todas, y en un momento determinado les pidió que se
quitaran la camisa. Antón se movía, hizo un amago pero no se la quitó, los
focos de la discoteca pasaron a grabar a Genis, su cuerpo tenía ritmo, parecía
un gogó, el animador le pedía sacarse el polo, y él poco a poco, de una manera
sensual iba deslizando su polo hacia arriba, y poco a poco sus abdominales se
dejaban ver. La sala estallaba en gritos femeninos, los móviles grababan el
momento, en los alrededores del podium de Genis las chicas se agolpaban. Y llegó
el éxtasis, Genis se deshizo de su polo, dejó su fibrado dorso desnudo, y
mientras lo seguía moviendo como un profesional de la noche las mujeres se lo
comían con los ojos y gritaban extasiadas. El foco regresó donde Antón, no tenía
escapatoria, tenia que inventar algo, y mientras su baile salsero-flamenco
cautivaba a la sala, hizo su movimiento sube-baja y poco a poco se fue
desabrochando los botones de su camisa. La sala volvía a vibrar.
Pasear aquella noche por la discoteca era ser
mirado constantemente, te tocaban el culo allá por dónde pasaras, y te pedían
bailar cada canción. Salva hizo cuatro amigas, yo bailaba con una chica que
Genis me había puesto en bandeja, mientras Antón y Genis seguían paseándose sabiéndose
ser los putos amos de aquella noche de locura. Sobra contar más cosas, una de
las noches fiesteras más divertidas de mi vida. Simplemente inolvidable,
gracias trío por esas dos grandes noches, el momento baile en el podium siempre
quedará grabado en mi retina.
PD: se me olvidaba, los
cuatro también salimos a bailar en el escenario, jajaja. Ala, hasta la
siguiente entrada, estaremos en el Machupichu, y sabremos si Antón abandona el
viaje.