lunes, 12 de noviembre de 2012

Un sabio llamado Efrain


La ciudad de Cuzco desde un primer momento nos cautivó, creo que fueron múltiples factores, a saber: habíamos pasado de ser compañeros de viaje a cuatro amigos, los días vividos con anterioridad a la llegada a Cuzco habían creado una relación de confianza y afinidad brutal entre personas que no nos conocíamos. Las dos primeras noches en la ciudad fueron increíbles como se puede leer en la entrada anterior del blog. Estábamos expectantes e ilusionados porque faltaban pocos días para ir al Machupichu y la Selva. Todo esto, sumado a la arquitectura y ambiente de la ciudad hizo que Cuzco pareciera un lugar conocido. Y cuando cuatro personas crean este buen ambiente solo le pueden pasar cosas buenas, y uno de los recuerdos mas bonitos que yo me llevo de este viaje es el siguiente: paseando por Cuzco, observé una cafetería que parecía italiana, como llevaba todo el viaje sin beber un espresso, propuse entrar para tomar un café. Entramos y nos sentamos en una mesa dónde había una persona de unos 70 años, no había mesas libres en la cafetería. Nos sirvieron y en un momento dado le pregunté si era de la ciudad, el hombre comenzó ha hablar y nos tuvo mas de una hora escuchándolo con una atención inusitada. Nos explicaba que él era cuzqueño, y tuvo a bien no sólo explicarnos muchas cosas de la cultura Inca, sino hacernos pensar, en la energía, en el respeto a la pachamama, en las preguntas sin respuesta de la mitología Inca. Hubiéramos estado con ese hombre horas y horas, y dijimos que después de nuestra visita al Machu-Pichu volveríamos a la cafetería para volver a charlar.
Partimos hacia Aguas Calientes sabiendo que era la última excursión y los últimos días con Antón, que finalmente decidió avanzar su viaje de vuelta para jugar el partido amistoso contra el Betis. Fuimos en una de las típicas furgonetas, lo que no sabíamos era de la pesadez y asquerosidad del viaje. Muchas horas y pocas por carretera, la mayoría era por camino de tierra, camino que se estrechaba y se estrechaba y veías un gran precipicio a uno de los lados. También tienes que pasar mini-puentes de madera, que dices “por ahí no vamos a pasar, el peso no lo va a soportar, por ahí noooo” y de repente el conductor acelera y puente pasado. Pero llegamos vivos hasta la estación de tren, y de aquí dos horas caminando hasta llegar a Machu-Pichu pueblo o Aguas Calientes. Este es un lugar turístico dónde los haya, con alojamientos de todo tipo de precios y con vendedores a la caza de turistas. Pero hay que reconocer que la ubicación de Aguas Calientes es espectacular. Descansa en  un profundo cañón bajo las ruinas, dividido por dos poderosos ríos, y con precipicios de piedra y bosques nubosos. Aquí hicimos noche y nos preparamos porque al día siguiente íbamos por fin al Machu-Pichi.
Recuerdo que antes de ir a dormir, hicimos una copa en un local, y mientras Salva y Antón jugaban al ajedrez, creo que el resultado acabó en tablas, Genís jugaba con un ecuatoriano a un juego de fichas de madera, se hacía una torre con las fichas, se tenían que ir retirando fichas y el que retirara una y cayera la torre pues perdía. Yo no quería jugar, pero tuve que hacerlo y ganar…
Nos levantamos a las 4 de la mañana, desayunamos y comenzamos a caminar. Yendo con Antón, no se trataba sólo de ascender hasta la entrada del recinto del Machu-Pichu, se trataba de llegar los primeros, y así fuimos adelantando a todo lo que nos encontrabamos por delante. Antón y Salva en cabeza, Genís y yo con un ritmo mas pausado pero muy efectivo, y conseguimos el reto, llegamos los primeros, y tuvimos que esperar un buen rato porque hasta las 6 de la mañana no abrían. Tuvimos el honor los 4 de entrar los primeros, y con paso acelerado fuimos avanzando hasta que nos llevamos una hostia, una hostia de belleza, de quedarnos sin palabras, de con solo mirarnos y con tibios comentarios disfrutar casi en soledad de una de las maravillas del mundo. Poco a poco fuimos reaccionado, y aprovechamos para tirar las primeras fotos mientras iban llegando personas al lugar donde nos encontrábamos. Lo que veíamos era mas espectacular que todo lo que nos habían contado. La vida nos seguía regalando felicidad, en este caso, a base de observar el Machu-Pichu en silencio, reflexivamente, como si las preguntas que nos hacíamos interiormente la montaña mágica nos las respondiera con energía positiva. Estoy aquí, pensaba yo, mientras el sol de desperezaba detrás de las montañas, mientras miraba esa ciudad enigmática, mientras hacía y me hacían fotos para la eternidad. Fotos así y asa, fotos con llamas, fotos con amigos.
Nos esforzábamos por ver la famosa cara que hacen las montañas, algunos con mas suerte que otros.
 Y seguimos disfrutando con un guía que nos ilustraba sobre lo que se conoce de Machu-Pichu y sobre lo que se desconoce. Y después del guía éramos 4 afortunados que teníamos acceso al huayna pichu (lo he visto escrito de diferentes maneras), ascenso que disfrutamos y nos dio otra panorámica de la ciudad Inca, del espectacular yacimiento arqueológico en el que habíamos estado minutos antes.
Al bajar de nuevo al yacimiento sobre las 11 de la mañana se acabó todo el encanto, los miles y miles de turistas que se concentran a esa hora convierten a esa maravilla del mundo en Port Aventura, así que decidimos marcharnos, y como somos así de chulos bajamos no caminando no, sino corriendo de piedra en piedra. Así que no nos quedó mas remedio que refrescarnos en el río y compartir la última cerveza con nuestro gran amigo Antón.
Y en su honor, en el de un amigo que ha compartido mucho a mi lado durante 4 años y que ahora lo tengo a 1000km de distancia pero muy cerca de mi corazón, a un amigo de mis amigos, a un amigo que hizo nuestro viaje mejor, que hace todos los viajes mejores, acabo esta entrada con una de sus frases. Una frase en uno de esos momentos donde filosofábamos sobre la vida y dijo “nosotros somos compradores de tiempo y no de dinero, por eso somos felices”
Así que Antón nos dejó y yo me quedé con dos personas que habían avanzado mucho en los niveles de amistad, jajaja.
Pero sabíamos que todo nos iba a ir bien, porque los cuatro habíamos aprendido que en nuestros corazones brilla la estrella de nuestro destino.

PD: se me olvidaba mencionar que en Cuzco fuimos a jugar a futbito y retamos a cuzqueños...y ganamos!!!